Ya he usado la compota de ciruelas para cocinar y tengo que confirmar que está buenísima. Una noche la serví directamente en la salsera, a temperatura ambiente para acompañar unas chuletas de cabecera de lomo. El sabor de la compota es contundente pero con la carne se aviene a la perfección. Otro día descongelé un lomo de cerdo que había congelado en trozos grandes. Lo doré muy bien en un fondo de aceite, salpimenté cuando ya cogió color, eché por encima como una taza de la compota, dejé que chisporroteara y se mezclara con el juguillo de la carne, revolví bien todo junto y añadí media taza de agua y 2 cucharaditas de azúcar espolvoreadas por encima para contrarrestrar la acidez. Tapé y dejé cocer todo junto unos 12 minutos. Los abrí por la mitad para comprobar que ya estaban rosados. Si dejas hacerse más el lomo se queda seco e incomestible, al menos para mi gusto. Estaba realmente delicioso.
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Merecería la pena pasarse largas y laboriosas horas en la cocina por oír una sola de las maravillosas exclamaciones que salieron de su boca mientras se deleitaba con la porción que se había servido en el plato. Hubiera merecido la pena aunque no hubiera dicho nada, sólo con ver su mirada de felicidad y placer mientras volvía a morder otro trozo jugoso y húmedo. La sonrisa se escapaba de su boca, surcaba los pómulos y llegaba a sus ojos. Todo él sonreía y agradecía mientras me miraba entusiasmado, deleitado, casi cómplice, como si sólo él y yo conociéramos el secreto de un momento tan feliz. El mérito no era mío, era de una sabia combinación de chocolate, huevos, azúcar y un poco de harina. Mandé cambiar la inscripción. No es "la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo", es "la mano que remueve con la cuchara es la mano que domina el mundo". Pues bien, sólo los que comparten la pasión por la cocina saben la inmensa felicidad que un momento así pued...
Habida cuenta de mi gran pasión gastronómica, no solo a nivel práctico sino también de lectura (esa pasión no se limita a los libros de cocina...ahora mismo estoy con "El eterno marido" de Dostoiesvki), mis hermanas en sus incursiones libreras me tienen encuenta...La tradición viene a resultas de mi gran aficción de pequeña a enfermar de anginas. Cada cierto tiempo recaía y eso implicaba bastantes días postrada en cama y siempre, siempre, implicaba un libro de regalo. Coleccioné libros de los Hollyster, Torres de Marlory, Los Cinco, de Alfagüara Juvenil, muchos de María Gripe, algunos cuentos de hadas.... Cuando en la adolescencia empecé a desarrollar mi gran aficción a la cocina, sólo me podía permitir alguna revista y desde luego a mis "alrededores" no les parecía bien gastarse los dineros y su tiempo en libros de cocina...tooooodos de lectura. En cuanto pude contar con mi propio dinero empecé a hacerme con algún ejemplar, al principio más sencillos y baratos ...
Comentarios
Además se pueden hacer con casi todo ¿no?.
Un beso
Muchos besos.
saludos