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Mostrando entradas de julio, 2007
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Estaba terminando de ver una peli que ya me enganchó la primera vez que la vi. Le sentí abrir la puerta, eran ya las nueve y pico de la noche. Estaba tan metida en la película que apenas le atendí, sólo una sonrisa rápida. Fue metiendo toda la parafernalia a casa, la bolsa con el traje, el bañador, las chanclas, los pesos, directo al baño...al ritual de siempre, aclarar bien y dejar escurriendo para que pueda secar para la siguiente vez. Oí retazos de lo que me decía...-ya verás, vas a alucinar...pesan...los he tenido que meter en la mochila-. Esa frase captó mi atención, pero la película estaba acabando, le dije que faltaba poco y que en cuanto acabase iba a cotorrear con él que tal la tarde pesca. Cuando la prota de la peli ya había puesto toda su vida en su sitio y empezaron a salir los créditos, apagué la tele y fuí a la cocina a ver que era lo que había en la mochila. Desde luego aluciné. Eran 6 pescados como el que ocupa la sartén en la foto, pero con las aletas y colas correspo…
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Merecería la pena pasarse largas y laboriosas horas en la cocina por oír una sola de las maravillosas exclamaciones que salieron de su boca mientras se deleitaba con la porción que se había servido en el plato. Hubiera merecido la pena aunque no hubiera dicho nada, sólo con ver su mirada de felicidad y placer mientras volvía a morder otro trozo jugoso y húmedo. La sonrisa se escapaba de su boca, surcaba los pómulos y llegaba a sus ojos. Todo él sonreía y agradecía mientras me miraba entusiasmado, deleitado, casi cómplice, como si sólo él y yo conociéramos el secreto de un momento tan feliz. El mérito no era mío, era de una sabia combinación de chocolate, huevos, azúcar y un poco de harina. Mandé cambiar la inscripción. No es "la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo", es "la mano que remueve con la cuchara es la mano que domina el mundo". Pues bien, sólo los que comparten la pasión por la cocina saben la inmensa felicidad que un momento así puede rep…
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Cuando hice el postre para el aniversario de mis suegros me sobró bastante champán. Como no somos nada aficionados, casi siempre que abro una botella (a no ser que sea Caney o Lambrusco...o algún vino de aguja aguja dulce...ya se que los aficionados al vino me lanzarían tomates), es para cocinar. Quería hacer una salsa fina pero con cuerpo, no el típico pollo guisado en el qué sustituimos el líquido que solemos usar (en mi caso vino blanco, sidra, cerveza, amontillado...etc..), sino una salsa en que fuera todo triturado y un conjunto. Tenía que prescindir del pimiento que aporta mucho sabor, así que sólo un diente pequeño de ajo, cebolla en abundancia y puerro. Hubiera sido ideal confitarlo en mantequilla, pero acabó ganando la mano el aceite de oliva. Eché líquido en cantidad para que luego la consistencia de la salsa no fuera un puré. Nos gustó mucho. Como todos los guisos gana con el reposo, así que esta es la receta perfecta para cocinar y congelar, aunque se mantiene unos días en…