Merecería la pena pasarse largas y laboriosas horas en la cocina por oír una sola de las maravillosas exclamaciones que salieron de su boca mientras se deleitaba con la porción que se había servido en el plato. Hubiera merecido la pena aunque no hubiera dicho nada, sólo con ver su mirada de felicidad y placer mientras volvía a morder otro trozo jugoso y húmedo. La sonrisa se escapaba de su boca, surcaba los pómulos y llegaba a sus ojos. Todo él sonreía y agradecía mientras me miraba entusiasmado, deleitado, casi cómplice, como si sólo él y yo conociéramos el secreto de un momento tan feliz. El mérito no era mío, era de una sabia combinación de chocolate, huevos, azúcar y un poco de harina. Mandé cambiar la inscripción. No es "la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo", es "la mano que remueve con la cuchara es la mano que domina el mundo". Pues bien, sólo los que comparten la pasión por la cocina saben la inmensa felicidad que un momento así pued...
Comentarios
Sos una artista completa, tejes, bordas y cocinas que es una maravilla!!!!!!
Gracias por pasarte por mi blog y ponerme en tus links!! Que ilusión verme en ellos!
Preciosas tus cajitas!! Yo para el punto cruz tengo poca paciencia jajaja, algo he hecho, pero poca cosa...
Ya nos mostrarás como queda el cuadrito, un beso!